Desde 2017 ha participado en siete temporadas y tres Super Bowls como analista en transmisiones NFL en distintos medios (TV Azteca Deportes, W Deportes Radio y NFL Game Pass en DAZN). Columnista en Mundo NFL desde 2022. Colaborador de los Arizona Cardinals.
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En este momento de la temporada lo que sigue es la estabilidad. Las primeras seis semanas son muy complicadas de descifrar, aun estamos haciendo el balance sobre quién será un buen equipo y quien no. Pero precisamente por ello tiene bastante valor aquellos jugadores que tras seis complicadas y turbulentas semanas han logrado destacarse por sobre el resto como posibles candidatos a luchar por el MVP la próxima temporada.
Está repitiendo el “caminito” de College Football: playmaker infravalorado que tiene destellos; cambia de equipo y empieza mal ahí, va in crescendo y acaba por ganar el Heisman que lo reconoce como el mejor de toda la categoría. 10 años después: dejavu.
Parece un cuento muy lejano aquel 2022 cuando Baker no era más que un quarterback de emergencia. Hoy ha recuperado esa energía que contagia a cualquiera. Sus Buccaneers son el equipo más carismático de la NFL por causa de él. Les ha transmitido su esencia: talentoso, pero sobre todo, resiliente y enérgico. Incansable luchador que se ha repuesta a las bajas de Mike Evans, Chris Godwin, Bucky Irving y ahora Emeka Egbuka. Cada semana deja jugadas de MVP: momentos en que los partidos están en su punto más álgido y él resuelve de una u otra forma. Ante 49ers fueron dos consecutivas que sellaron el rumbo del juego. Es un animal competitivo que ha madurado en su actitud, y en sus decisiones en el campo (12 TD – 1 INT).
Tiene el aura más grande de la NFL actualmente, no parece haber rival muy grande y tras seis semanas es el jugador más valioso para su equipo y en la liga entera.
Teníamos dos temporadas completas viendo una versión “domesticada” de Patrick Mahomes con pases cortos, sin arriesgar demasiado, pocas jugadas explosivas. Todo muy by the book, pero no más. Andy Reid y Matt Nagy han liberado a la bestia que maravilló a la liga en sus primeras cuatro temporadas.
Está lanzando fuego cada domingo, su ofensiva ha vuelto a ser explosiva e intimidante. Un gran cambio es que ha vuelto a tener cuidado del balón, una plaga de sus últimas dos temporadas; en los últimos cuatro juegos solo ha lanzado una intercepción.
Pero no solo cuida el balón, sino que lo aprovecha al máximo; si mantiene el ritmo el resto de la temporada, terminaría con casi 4300 yardas por pase y más de 40 pases de touchdown. ¿Imposible? No para él, ya lo ha hecho dos veces (2018 y 2022).
Lo más alentador es que esta semana recuperará a su receptor principal: Rashee Rice se incorporará a un ataque que promete ser devastador con un Patrick Mahomes decidido a retomar su lugar como el mejor quarterback de la liga sin aceptar crítica alguna.
Ya son tres partidos consecutivos con una intercepción costosa y dolorosa. Las últimas dos, han sido clave para las derrotas consecutivas de los Bills que poco a poco empiezan a exhibir que un quarterback élite no puede compensar todas las carencias de talento a su alrededor. La defensiva de McDermott no lo ha respaldado, forzando a Allen a tener que jugar a ser superman o perder.
El andar es complicado, no parece que vaya a mejorar mucho la situación en su entorno, pero si alguien tiene la capacidad de hacerlo es el actual MVP que tendrá un partido “a modo” ante Carolina antes de enfrentar a su bestia negra en la semana 9 en el súper anticipado Chiefs @ Bills que bien podría ser un trampolín para el MVP del quarterback que resulte ganador.
